¿Mujeres juntas, ni difuntas? Depende de nosotras

De niña solía escuchar el siguiente refrán: “Mujeres juntas, ni difuntas”. Esto hacía referencia a que las mujeres no podían convivir ni un momento juntas porque surgían conflictos y, según el refrán, en los panteones también habría problemas con mujeres que yacen en tumbas contiguas. Pero el propósito de esta columna no es enfatizar en los pormenores de situaciones delicadas entre mujeres, sino todo lo contrario: promover las mejores prácticas para fomentar una red de apoyo en la medida de nuestras posibilidades. 

En marzo se conmemora el mes de la mujer. Cada año me toca escuchar los atrasos que hay en materia de equidad de género, las condiciones adversas en diversas partes del mundo e incluso, sin ir tan lejos, la violencia de género que sufrimos en nuestra frontera. Todos estos casos son muy reales y devastadores, y muy posiblemente no podamos hacer un cambio de la noche a la mañana porque es una situación compleja. No obstante, desde nuestra trinchera podemos poner nuestro granito de arena para hacer algo por el bienestar de otra mujer que lo necesite.

Las universidades y algunas industrias se han encargado de hacer lo propio a través de interesantes iniciativas en materia de educación y programas para apoyar a las mujeres en su camino hacia un mejor futuro. Pero considero que si cada una de nosotras, de forma consciente, vemos la forma de beneficiarnos mutuamente, el impacto sería un efecto dominó.

Si eres una mujer exitosa (en cualquier área de tu vida), te invito a que apoyes e inspires a otra mujer en tu camino. ¿Cómo? Ya sea como mentora: si ves en esa otra persona un potencial que se puede desarrollar, e incentivándola a que crea en sí misma. O escuchando sus dudas y preocupaciones, lo cual puede sonar muy simple, pero a veces solo necesitamos “sacarlo de nuestro sistema” con una persona que nos escuche con paciencia para que nuestra mente se despeje y podamos tomar la mejor decisión. O compartiendo alguna experiencia pasada y las decisiones que tomamos para resolver una situación difícil en algún momento de la vida. No es necesario ser las grandes amigas ni confidentes para poder apoyar a otra mujer, simplemente se necesita la disposición para tener una mirada empática hacia los problemas que por lo general cargamos en nuestra espalda y que a veces solo otra mujer puede entender. 

O también encontrar puntos de conexión en vez de las diferencias. Nos pasa a veces que alguien no es de nuestro agrado a primera vista, pero si tenemos la disposición y la empatía es seguro que vayamos a encontrar un punto en común, ya sea en el terreno laboral o en el personal. Si abrimos nuestra mente, podemos llevarnos agradables sorpresas y quizás nosotras seamos las que resultamos beneficiadas de ese encuentro… o quizás no, pero lo importante es tener la disposición para promover la afinidad y no el antagonismo. 

También podemos sembrar la semilla para que ella lo haga, a su vez, con otra mujer más adelante, haciendo que la red crezca y se fortalezca. Para que el día de mañana, las nuevas generaciones cambien el dicho “Mujeres juntas, ni difuntas” por “Mujeres juntas, seguro que despuntan”. 

Inés Velasco, directora de Sigma Solutions

Sigma Solutions

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